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¿Qué hago acá?

Uno tiene opiniones.

Generalmente uno tiene opiniones sobre lo que conoce y lo que no. Pocas personas tienen la prudencia de manifestar que carecen de opinión alguna sobre un tema de dominio público. Claro, no tengo opinión sobre la Teoría de las Cuerdas, o sobre el calentamiento global de origen antropogénico. Son ejemplos de temas complejos donde para formarse opinión uno no tiene más remedio que chupar rueda de opiniones ajenas, ya sea por cierto respeto científico o persona, o ya sea, como sucede en muchos casos que conozco, por ignorancia. Se necesita una buena dosis de ignorancia para manifestar opinión sobre temas para los que se necesitan años de estudio para logra apenas un acercamiento.

Para ser opinólogo uno no necesariamente tiene que ser una persona con profundo conocimiento sobre un tema específico, alcanza más bien con montar una buena colección de superficies y reconocer que todo tiene un límite, incluido el atrevimiento a la hora de opinar.

El origen de la opinión pocas veces es neutral. Uno forma sus opiniones visualizando la realidad a través de la lupa de lo que aprendió a lo largo de su vida, de su ideología (poco deseable), de simpatías (mucho menos deseable aún) y de la porción de información sobre el universo a la que accede.

En este último aspecto, tendemos a confundirnos. El acceso a la información que tenemos a través de Internet, nos hace considerar que estamos debidamente informados. Y sin embargo, Internet es una excelente fuente de desinformación. Y tras esa desinformación suele esconderse una intencionalidad. Tendemos a filtrar la información desde el vamos, sesgando la búsqueda desde sus propios términos iniciales. Y las herramientas de búsqueda a su vez, presentan los resultados ordenados en función de su popularidad, lo que sesga aún más los resultados de cualquier búsqueda.

Wikipedia, que suele encabezar la lista de resultados sobre múltiples temas, intenta informar sin dar opinión... excepto en ciertos temas donde sus páginas, y sobre todo la página de discusión, se convierten en verdaderos campos de batalla ideológicos donde se debate fuerte y duro. Los artículos suelen ser editados y reeditados una y otra vez de forma crudamente sesgada. Y detrás de ciertos temas aparecen verdaderas brigadas de guardianes de la verdad, que vigilan constantemente las ediciones para evitar opiniones críticas. Tan difícil se hace la búsqueda de información cuando un tema ha fanatizado a las personas.

Es por eso que el opinólogo para formar su propia opinión, debe bucear intensamente en las profundas aguas del desacuerdo e intentar en la medida de lo posible, llegar a los puntos irreductibles de una afirmación: A ese punto donde algo con certeza es así porque nada demuestra que pueda ser de otra manera aunque hayan indicios en otra direcciones.

Uno se hace opinólogo por varias razones. Porque siente que tiene algo para decir aunque a nadie le importe un cuerno, porque se siente parte de la mayoría o de la minoría en referencia a determinado suceso, o porque mantiene cierta capacidad de indignarse ante falsedades descaradas que son asumidas como verdades reveladas. En todo caso, el opinólogo tiene algo de polemista berreta, de demagogo barato y de cínico. Observa la realidad como quien observa una rata de laboratorio o un excremento de pájaro, inusualmente colorido pegado al parabrisas de la vida. Algunas veces es útil a la sociedad, otras veces, absolutamente dañino y generalmente, no suele distinguir muy bien la diferencia.

De todas formas, un opinólogo sólo es verdaderamente peligroso cuando tiene en sus manos un medio masivo de comunicación o se convierte en un político.

Hasta entonces, espero mantenerme inofensivo.

Opinólogo es un término aplicado a personas que, generalmente en los medios de comunicación, opinan sobre cualquier tema como si fueran especialistas.

De Wikipedia en español.

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