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Hace unos cuantos días, mediados de junio de 2014 Medio Oriente comenzó a teñirse de rojo y nadie parecía darse cuenta.

En tanto en Cisjordania eran secuestrados tres jóvenes israelíes, desde Gaza comenzaba el lento goteo de los cohetes hacia el sur de Israel.

Nadie pareció advertirlo, nadie en las redes sociales hizo gesto alguno para impedir que el suicida alzara la pistola y se la pusiera en la cabeza.

Porque Hamas es un grupo integrista religioso que no tiene problema alguno en suicidarse con la cabeza ajena. La cabeza del pueblo llano de la Franja de Gaza que no tiene escapatoria ni encuentra refugio.

La cantidad de misiles y cohetes disparados iba aumentando día a día y todo el mundo hablaba del mundial, de que si Suárez si, que si Cristiano Ronaldo no.

El primer ministro israelí dio a Gaza 48 horas de plazo para cesar los ataques o empezaría una incursión aérea. Dio ese plazo unos seis días después de que comenzaran los disparos de misiles.

Una verdadera y reveladora muestra de paciencia que se enraíza en otros problemas pero que en definitiva, era una advertencia seria, una advertencia para tomar en cuenta.

Ni siquiera en ese momento la gente dejó de mirar los goles. Una querida amiga que los conoce, me dice siempre: para los árabes, todo pedido de paz es una muestra de debilidad, todo gesto contemporizador es visto como una rendición incondicional.

La demora en reaccionar del premier israelí tuvo costos políticos para él. La provocación está teniendo costos invalorables para los civiles inocentes, hombres, mujeres y sobre todo niños de Gaza.

Y Hamas agarró el revolver, y lo apuntó a la cabeza del pueblo palestino de Gaza.

Es claro que Israel es el revolver. Su fuerza militar es avasallante en comparación con la de Hamás. Jugar con armas es jodido y si te ponés una cargada en la cabeza y apretás el gatillo, es casi seguro que la bala salga.

Ninguno de los actores, ni el brazo ni el revolver actuaron como lo hicieron en forma apasionada, ambos fueron calculadores y esta escalada bélica que toda la prensa anunciaba para el día siguiente y demoró diez, es el fruto de fríos cálculos.

El gobierno de Israel no estaba interesado en el enfrentamiento, por eso temporizó e intentó con advertencias que no se llegara a la guerra.

Para Israel es una guerra inoportuna y cuya culminación podría ser tan suicida como no haber emprendido acción alguna. Otros peores que Hamás pueden ocupar su lugar en caso de que esta organización sea desarticulada. Vientos oscuros soplan desde el este y el integrismo y fanatismo del los partidarios del Estado Islámico, pueden hacer que Hamás parezca una organización de boy scouts. Desmantelar el gobierno de Gaza es una acción peligrosa y de consecuencias previsiblemente tétricas para Medio Oriente.

Por otro lado, Hamás está embretado en una situación económica desesperada desde la caída del gobierno democrático egipcio de los Hermanos Musulmanes. Desde el golpe de estado de Sisi, el ejército egipcio ha procedido a la voladura de los túneles que alimentaban la economía de la Franja de Gaza, bloqueada por Israel desde el año 2007 y dependiente totalmente de los suministros llegados del otro lado del muro por casi un millar de túneles, algunos de tamaño tal que permitían el pasaje de camiones de combustible y cemento.

Hamás no cobra impuesto alguno de importación por los suministros que llegan desde Israel a través de los diferentes pasos, pero sí los cobraba de las mercaderías llegadas de su vecino del suroeste a través de los túneles. Sin estos la economía gazatí se paralizó, la desocupación alcanzó niveles desesperantes, se detuvo la construcción, una de las principales fuentes de ingresos de la población y comenzaron a faltar artículos de primera necesidad.

En octubre de 2013, el gobierno de Gaza comenzó a pagar los sueldos de los 40.000 empleados públicos con cierta demora. En abril de este año, los dejó de pagar completamente empantanados en la falta de circulante.

A principios de junio, Hamás intentó un acercamiento a la Autoridad Palestina presidida por Abu Mazen a los efectos de conformar un gobierno unido.. y que el dinero de los sueldos llegara desde Cisjordania. Eso pareció funcionar, pero el premier palestino se negó a abrir los cordones de la bolsa para pagar los sueldos, en tanto no se investigara exhaustivamente la tarea realizada por cada uno de los funcionarios a los que había que pagar. Una tarea titánica que conociendo además los antecedentes en el campo de la corrupción, seguramente terminaría con una negativa.

Entonces sí, empezaron los misiles en serio.

Misiles que apuntan a Israel en apariencia, pero en el fondo tienen como destino a Sisi. Hamás sabe que en tanto se mantenga en el gobierno Israel no va a levantar el bloqueo.

Pero tal vez a Al Sisi sí, lo pueda convencer el derramamiento de sangre y el enfervorizamiento de las multitudes árabes sedientas de justicia.

Suicidarse con la cabeza ajena no parece una manera valiente de morir, sobre todo si la cabeza propia está confortablemente instalada sobre los hombros en tanto mira la guerra desde Qatar a través de Al Jazeera.

Desde el inicio del ataque israelí, Hamás ha rechazado dos propuestas de alto el fuego, hoy mismo rechazó la segunda. Lo condiciona aparentemente, al cese del bloqueo por parte de Israel, pero en el fondo, un cese del bloqueo egipcio le vendría bien de cualquier forma.

A nadie parece parecerle raro que el que va perdiendo ponga condiciones. A menos que en el fondo, no vaya perdiendo porque su objetivo es precisamente la derrota.

En cualquier circunstancia, a los televidentes mundialistas que descubrieron que civiles palestinos empezaban a morir como moscas luego de que la bala ya había salido, pero no fueron capaces de alertar antes para sujetarle el brazo al suicida, no parece importarles la rara contradicción de que detener la masacre esté principalmente en manos de Hamas y que el gobierno de la Franja de Gaza por el contrario se empeñe una y otra vez en hacer matar a su gente.

Les parece más normal pedirle al revolver que deje de disparar. ¿No saben acaso que un arma no cesa de disparar o bien hasta que se acaban las balas, o bien hasta que el tirador suelta el gatillo?

Israel es el revolver. No puede actuar distinto en tanto el gatillo se mantenga apretado.

No puede ¿en qué cabeza cabe? retirarse de Gaza en tanto Hamas no diga que no va a tirar más o la otra alternativa, la peor, en tanto el propio gobierno de Gaza no esté totalmente desarticulado.
Cuando mis amigos exigen que Israel se retire de Gaza hacen bien. Yo también quiero que se retire de Gaza. Pero cuando les pregunto como hace Israel para retirarse en tanto Hamás sigue tirando, no me responden. Para la paz se necesitan dos y Hamás no quiere una paz que le devuelva al statu quo de los sueldos impagos y la desocupación por las nubes.

Hamás está dejando pasar una y otra vez las oportunidades de soltar el revolver. Sisi no parece que fuera a cambiar su tesitura. La televisión egipcia que suele decir lo que casualmente el gobierno quiere escuchar, no cesa de hostigar a Hamás. Invitan a sus dirigentes a que vayan a Gaza a hacerse matar ellos. Les acusan de cobardes. Les muestran menosprecio.

La opinión pública egipcia es tan manipulable como cualquier otra opinión pública. Difícil que salga a presionar a Sisi para que abra la frontera. Y Sisi estaría encantado de que Israel se libre de Hamás por su asociación a los Hermanos Musulmanes del ex presidente Mursi derrocado por el actual mandamás de la tierra del Nilo.

La aniquilación del gobierno de Hamas es mala cosa para todos. Si acontece cabe la posibilidad de que Israel se vea en la situación de retomar posiciones abandonadas en el 2005. Si eso sucede, no habrá seguro más bloqueo pero se habrá retrocedido enormemente en el campo de lograr una paz duradera y una solución de dos estados.

Las redes sociales, con su trasmisión de fotos y más fotos del desastre humanitario de Gaza, son la herramienta de Hamás para moverle el piso a Sisi. Las fotos de niños palestinos muertos, o bien de niños que murieron violentamente en cualquier otra parte, incluso en películas, están destinadas no tanto al público en general como a los ciudadanos de Egipto, para provocar un estallido de indignación popular que obligue a su gobierno a flexibilizar el tema de los túneles o abrir el paso de Rafah.

En tanto civiles palestinos siguen muriendo de la manera más cruel, y los desplazados se cuentan en más de cien mil, Hamás intenta abrir un nuevo túnel hacia Egipto a fuerza de misilazos hacia Israel. Una extraña obra de ingeniería que por ahora no parece exitosa.

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